#BajoelManzanillo da a conocer las ‘Memorias de la organización clandestina de Carmen Góngora’, durante el periodo de la guerra civil (1936 – 1939), documento elaborado por miembros del propio movimiento y que ve la luz 86 años después de su redacción. Reseña las personas, los hechos más relevantes, la estrategia utilizada y otros detalles del Socorro Blanco en Almería. Hay una especial mención a las “heroicas” acciones de Carmen Góngora y del niño Manuel Román González.

El 25 de enero de 1940, se redacta, a máquina de escribir, a un espacio, en quince cuartillas, lo que llaman “Memorias de la organización clandestina de Carmen Góngora”, cuyos hechos relatados tienen lugar en plena guerra civil, entre 1936 y 1939, en Almería, cuya provincia se mantuvo fiel a la República. Su autor es un miembro destacado de este movimiento, que no se identifica. El 30 de enero de 1940, la propia Carmen Góngora, una vez leído el texto, añade algo más de cuartilla y media, también mecanografiada, donde relaciona algunos nombres más de protagonistas, afirmando que “leídas estas memorias, reconozco que son, entre las varias que se han hecho, las más completas, pero, no por ello, contienen todos los hechos, ya que entonces se haría su contenido interminable”. Finaliza con la firma, de puño y letra, de la propia Carmen, hecha a tinta y con plumilla.
El citado documento original, del que no nos consta que hubiese copia, quedó guardado por la propia Góngora López, en su mesa de despacho del Sindicato de la Aguja, que regentaba en la calle Mariana, número 13. Antes de fallecer Carmen, se lo entregó a mi padre Manuel Román González (albacea de la herencia de Góngora López), quien lo custodió, sin difundirlo, hasta su muerte, en 2017. La familia Román García (José Manuel, Francisco Javier, María del Mar y Rosalía, hijos de Manuel, y a quienes amadrinó Carmen Góngora en el bautizo de los cuatro y también a una quinta hermana, María del Pilar, fallecida en 1957), hemos sido depositarios, desde entonces, de las memorias que ahora, al cumplirse los 90 años de los hechos, damos a conocer. El original será depositado en el Archivo – Biblioteca de la Diputación Provincial de Almería en los próximos días.

Manuel Román González, 15 años
Para comprender mejor el contenido del documento, conviene reflejar algunos detalles. Manuel Román González (Vera, 1923 – Almería, 2017), periodista y primer titulado en periodismo de la provincia –cuarta promoción 1944, de la Escuela Oficial de Periodismo, número de registro 1.700–, con una trayectoria profesional de 65 años, mi padre, que tiene una especial mención en estas memorias, contaba con 13 años cuando comenzó la guerra. Había llegado a Almería, desde su ciudad natal, Vera, para establecerse aquí, en 1931. Colaboró con la organización clandestina del Socorro Blanco, realizando labores de enlace, ya que vivía, junto a su madre, también veratense, Ana José Román González, en el edificio del Sindicato de la Aguja, sede de la organización clandestina de Carmen Góngora.

Manuel Román, en el momento de ser detenido, el 12 de julio de 1938, contaba con 15 años recién cumplidos. Fue encarcelado en una de las checas que tenía establecido el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), en el cortijo de las Mascaranas, en el término municipal de Huércal de Almería. Conocido, en esos años, por el cortijo del SIM, un edificio de principios del siglo XX, que perteneció al empresario y diplomático Hermann Federico Fischer, que lo utilizaba como residencia familiar de verano. Una vez reformado, es la sede actual del Ayuntamiento de Huércal de Almería. Allí, a pesar de ser menor de edad, Manuel, estuvo incomunicado durante dos meses y medio. Con el fin de que nadie aleccionase al niño, estuvo separado de los demás presos en el SIM, recibiendo malos tratos, continuos insultos, careos, interrogatorios, golpes e incluso palizas. Permaneció incomunicado en una habitación donde estaba el pozo negro del edificio, sin luz ni ventilación alguna, durante cincuenta días. A raíz de una enorme paliza, que le propinaron en uno de los interrogatorios finales, se le prohibió que recibiera comida o rancho, padeciendo desnutrición. El 26 de septiembre de 1938 pasó al Tribunal Tutelar de Menores o reformatorio, centro de menores, incomunicado, sin relación con el exterior y a disposición del SIM. Así, hasta el 29 de marzo de 1939, final de la guerra civil, que fue liberado.


El Servicio de Inteligencia Militar (SIM) le acusó, al joven Román, de «espionaje, derrotismo y alta traición«. El hecho de ser menor de edad le salvó de una muerte segura. Más detalles de este periodo, hechos, anécdotas y circunstancias serán objeto de otro artículo.
Román estaba en posesión de la medalla Cruz Pro Ecclesia et Pontifice, que le concedió el papa Juan Pablo II, el 15 de marzo de 1998 y que le impuso, en una sencilla ceremonia religiosa, en el real monasterio de las Puras, el arzobispo, Justo Mullor García. Fue un reconocimiento de la Iglesia a los servicios prestados a lo largo de su vida. Era la primera vez que un almeriense recibía esta alta condecoración del Vaticano a un seglar, otorgada por el sumo pontífice.


(Clic sobre la imagen para ampliar)
Carmen Góngora López y el edificio del Sindicato de la Aguja

Carmen Góngora López (Rioja, 1900 – Almería, 1987), al iniciarse la guerra civil tenía 36 años. Desde 1926 presidía el Sindicato Católico de la Aguja, que se fundó en 1919, estando ligado siempre a la Acción Católica de la Mujer, realizando una amplia labor en favor de las obreras. Se llegó a crear una escuela nocturna para la formación laboral y educativa de sus socias y un taller de paro con su bolsa de trabajo, para atender a las que estuvieran en situación precaria. Obtenía financiación gracias a una junta de mujeres burguesas con poder económico e influencia social. Así lo afirman Concepción Moya García y Carlos Fernández – Pacheco Sánchez – Gil, en un artículo de REAL (revista de Estudios Almerienses, que edita el Instituto de Estudios Almerienses – IEA) sobre “Socialismo católico femenino”. Carmen Góngora, en noviembre de 1952, fue nombrada inspectora provincial de las Damas Auxiliares de la Sanidad Militar, en Almería. En 1968, recibió un homenaje, con motivo de la concesión de la Medalla al Trabajo, por sus cuatro décadas dedicada a enseñar a jóvenes en sus talleres de costura y bordado, de los que se beneficiaron prácticamente todas las cofradías y hermandades de esa época, hasta los años 80 del siglo XX.

El periodista almeriense Eduardo D. Vicente, en la contraportada de ‘La Voz de Almería‘, del 16 de junio de 2009 (figura al final del artículo), trazaba así el perfil resumido de Carmen Góngora: «Una mujer de gesto serio. Carmen Góngora López (1900-1987) fue una mujer de fuerte carácter, dura, sin contemplaciones. Sus años de juventud estuvieron marcados primero por la muerte de su padre y después por la detención y muerte de su hermano menor –Juan–, que fue ejecutado en agosto de 1936 por su vinculación a la derecha tradicional. El trágico final de su hermano la empujó a luchar contra la República y convertirse en una de las activistas más importantes de la resistencia en Almería«. En el plano familiar, sobre todo con sus ahijados, era amable, cercana y cariñosa.

Conviene señalar también que el edificio señorial del Sindicato de la Aguja se alzaba en el antiguo número 7 de la calle Mariana (hoy, núm. 13), donde vivía Carmen Góngora con su madre, Encarnación López Mañas, y su hermano, Juan (asesinado en 1936), además de la jefa del taller, la veratense Ana José Román González, y su hijo Manuel. Fue un lugar especial de acogida y ayuda para muchas personas, la mayoría creyentes católicos y religiosos, durante el periodo 1936-1939.
La casa tenía dos plantas y un gran terrado. La entrada desde la calle formaba un portal que daba a una gran puerta con una campanilla – llamador, que sonaba en el primer piso, desde donde se abría por medio de una cuerda, y un vestíbulo hermoso, para acceder a las escaleras que conducían a la planta superior, donde estaba la cocina y habitaciones amplias y bien ventiladas, la principal destinada al despacho de Carmen Góngora y, la de mayores dimensiones, que daba a un patio, al taller de costura. En contraste con el bajo, muy oscuro, con humedades, donde podía observarse un pasillo estrecho y largo, con una habitación oscura y en el centro un ensanche con un lavadero y al final una cocina, como de menos de dos metros cuadrados. Y, al lado, que daba frente al pasillo, una despensa pequeña y con mucha humedad, llegando a brotar agua de las paredes, que se convirtió en el escondite de los padres jesuitas, al que hacen referencias las memorias. Ahí estuvieron encerrados, durante casi dos años, tres personas, dos jesuitas y un hermano lego, que solo percibían alguna luz por una pequeña ventana que tenía pegada al techo. Cogían dos catres colocados el uno a los pies del otro, dejando al lado un espacio de poco más de medio metro. La pequeña puerta del escondite estaba disimulada con un estante – armario de mayores dimensiones, que era como una casa con varios pisos que tenían juguetes de las hijas de Andrés Cassinello Barroeta, familia que tuvo que abandonar su vivienda, salvando algunos muebles, muchos de los cuales fueron trasladados al Sindicato de la Aguja, como colaboración de Carmen Góngora con la referida familia. En la planta baja había también un patio con una fuente de mármol y un pozo, rodeado de macetas y jardín con un hermoso jazminero, que llegaba a la primera planta. Había también conejos y gallinas para consumo doméstico.

Asedio
Las memorias relatan el asedio que sufrieron los tres religiosos, desde la noche del 28 de junio al 12 de julio de 1938, con guardia permanente en la casa y registros casi continuados (noche y día), turnándose la policía del SIM en esta tarea, según nos contaba Manuel Román, en vida. Además, se “tomó” toda la manzana, integrada por la calle Mariana, y las de Beatriz de Silva -antes de la Fuente-, Padre Tapia -antes Sancho Ortiz-, y Lope de Vega. Se realizaron repetidos registros dentro del piso y fuera, y se efectuaron excavaciones en diversos puntos de la planta baja, así como en la calle y otros domicilios, por si se comunicaban con el Sindicato de la Aguja, labor que realizó una sección de zapadores del campamento de Viator. No se les ocurrió, simplemente, mover el armario de la casa de juguetes.
Durante esos catorce días de asedio, en el edificio estaban solamente, tras detener al resto de personas que vivían allí, Manolo Román, aun con pantalón corto, como los niños de su edad por aquel entonces, una religiosa de las Puras y una costurera, que tenía Carmen Góngora recogida en su hogar. Estas tres personas, como recogen las memorias, fueron las últimas detenidas el 14 de julio de 1938, cuando descubrieron el escondite donde habían permanecido los tres religiosos.
Socorro Blanco, según Manuel Román

El propio Manuel Román, a finales del siglo XX, en una serie de entrevistas que mantuvimos para dejar constancia de sus vivencias juveniles, definió a la organización clandestina Socorro Blanco, en Almería, como “surgida de forma espontánea, en defensa y ayuda a personas perseguidas y encarceladas, sobre todo sacerdotes, religiosos y numerosos seglares de la diócesis almeriense. Su tarea fundamental fue la de asistir, auxiliar y proteger a escondidos y cautivos, llevándoles alimentos, mensajes e incluso hasta la Eucaristía. Este movimiento se estableció de forma indeliberada, ante la necesidad de salvar la vida de personas de abierto carácter religioso. La auténtica valedora de la organización fue Carmen Góngora López, quien puso en riesgo su vida y las de sus familiares más directos, en numerosas ocasiones”.

Manuel Román, como él mismo nos relató, resaltaba que, Carmen Góngora, “desempeñó un papel fundamental de nexo entre los amenazados, salvando con su labor a muchas personas que, de buen seguro, hubieran sido condenadas a muerte y, después, casi con certeza, ejecutadas”.
El 29 de mayo de 1939, el periódico ‘La Hoja de los Lunes’ publicaba un amplio artículo sobre el papel de Góngora y su organización en la Guerra Civil. Decía que ella “no era una agente oficial de espionaje, ni recibió encargo, ni tenía ayuda. Pero su entusiasmo, su espíritu heroico y su fervor religioso y patriótico fueron suficientes” para involucrarse en dirigir la organización clandestina.
En mayo de 1939, al poco de concluir la guerra, Carmen Góngora compareció ante la Comisaría de Investigación y Vigilancia para relatar a las autoridades franquistas los pormenores de su cautiverio durante la guerra. En su declaración denunció a una mujer llamada Montes Piedad, esposa del capitán del SIM, Miguel García Artero, uno de los responsables de su detención. Dijo que esta mujer había acudido al Sindicato de Aguja para “espiar acerca de la organización”, y que siguió haciéndolo cuando Góngora estaba en prisión.

Cuando fue detenida Carmen Góngora, en junio de 1938, fue sustituida, al frente de la organización, por Manuel Fernández – Aramburu León, funcionario de la delegación de Hacienda, hasta que este fue preso en diciembre de ese mismo año. En la coordinación, según algunas fuentes consultadas, quedó entonces Manuel Mendizabal Villalba (Zaragoza, 1905 – Almería, 1996), ingeniero agrónomo. Mendizabal sería después presidente de la Diputación Provincial de Almería y delegado de Agricultura, siendo el encargado de poner en marcha el Instituto de Aclimatación de Almería (IAA). El dato no lo tenemos constatado, pero Mendizabal podría haber sido el autor de las memorias que nos ocupan.
Aunque, como ha quedado reflejado, en próximas publicaciones ampliemos con aportaciones personales y otras recopiladas de los propios protagonistas algunos de los hechos que aquí se mencionan, ofrecemos ahora, fielmente, solo el contenido del documento. Al final del presente trabajo, para quienes interese, se podrá descargar el archivo que contiene la digitalización del texto original.
Hechas las anteriores aclaraciones, transcribimos el literal de las memorias, que contienen algunos errores gramaticales y de redacción, propios de la época (cada vez que en el texto se refiere a Carmen, se trata de Carmen Góngora López):

Memorias de la organización clandestina de Carmen Góngora. Almería
«Cuando el terror dominaba en Almería a las personas honradas, ya que, por el hecho de serlo, podía uno considerarse sentenciado por las hordas marxistas, de las que sus víctimas se contaban ya por centenares, comenzó la Srta. Carmen Góngora López a hacer derroche de sus grandes sentimientos humanitarios, su fervor religioso y de todo cuanto alberga su gran alma de heroína.
Es Carmen Góngora, desde hace años, presidenta del Sindicato Católico ‘La Aguja’, teniendo uno de los talleres más importantes de esta capital, en la calle Mariana, 7 -después sería el núm. 13-, con cuyos productos atendía al sostenimiento de su casa, en la que habitaba con su madre y su hermano Juan, siendo éste una de las primeras víctimas de los rojos, por el solo hecho de haber pertenecido desde su fundación a Falange Española.

Fue su taller seguidamente, albergue de perseguidos, puesto que, como oficiales del mismo, figuraban varias religiosas, que en muchas casas se negaron a admitir, por poder más en sus moradores el miedo a ser descubiertos que sus deberes de antimarxistas; siendo uno de los que allí se refugiaron en los primeros momentos, el R. P. don José Jordá, superior del Convento de los Franciscanos de esta capital.

Jamás pensó Carmen en ir más allá de donde alcanzasen sus propias fuerzas unidas a las de sus familiares, pero el hecho de tener que recurrir a personas de su confianza para conseguir salvoconductos y fondos con qué poder atender a los escondidos en este y otro sitio hizo con su contacto, que los sentimientos hasta entonces adormecidos, fueran despertándose y el pánico reinante desapareciera poco a poco en cuantas personas le hemos seguido hasta el triunfo. Fue ella para nosotros como el jefe de un cuerpo de Ejército que se detiene ante la superioridad numérica del enemigo, y conociendo de la potencialidad de sus soldados, empuña la espada y comienza a ascender arengándoles, hacia la posición que los lleve a la soñada victoria.
¡Esa ha sido Carmen para nosotros! No debiendo dejar de consignar en estas cuartillas, que jamás hizo una anotación en la que figurase el nombre de uno de nosotros, ni uno de los mil proyectos a realizar; todo lo confió siempre a su privilegiada memoria, causa por la que jamás encontró la policía dato alguno que le sirviese de prueba acusatoria en ninguno de los cincuenta y tantos registros que en su referida casa le hicieron.

Así surgió nuestra Organización, la que día por día fue tomando tal incremento, que pronto contamos con enlaces en muchos pueblos de esta provincia y la de Granada, así como en los principales centros oficiales: Caja de Recluta, Hospital Militar, Gobierno Civil, Comisaría de Investigación y Vigilancia, Hospital Provincial, Delegación de Hacienda, Prisiones, Manicomio, Juzgado Militar, Campamento y otros muchos, teniendo una gran importancia el habernos atraído a los médicos D. José Rubí y D. Luis del Barrio, que hicieron gran cantidad de certificados falsos (siendo el primero el que simulaba las enfermedades de Carmen), interviniendo con D. Juan José Jiménez Canga – Argüelles y D. Cecilio Martín, capitán médico de la Caja de Recluta, en la organización de expediciones a la Zona Nacional, contribuyendo los tres primeros con grandes cantidades para el Socorro Blanco; así como D. Antonio Fornieles, el que era oculista del Hospital Militar, que sin el menor temor, declaraba tracomatosos a cuantos le indicábamos, siendo enorme el número de inútiles y de servicios auxiliares, que gracias a él conseguimos. A los anteriores, le siguieron D. Domingo Artés, D. Antonio Campoy, D. Antonio Langle y D. Juan López Jiménez, de la Casa de Socorro, que certificaron en falso e hicieron cuantos servicios se les encomendaron, pues el primero era médico forense. D. José Arigo y D. Antonio Lara, director y practicante, respectivamente, del manicomio provincial, en el que figuraban como dementes gran cantidad de personas por cuya suerte temíamos; llegándose a preparar el Sr. Arigo un narcótico mortífero con el fin de haber suprimido a unos rojos, para llevar a efecto una evasión a la otra zona; D. Eusebio Álvaro, D. José Juárez y D. Rafael Lara, médicos y practicantes, respectivamente, del Hospital Provincial; los farmacéuticos D. Pedro Soria y D. Luis Ortega y el almacenista de productos farmacéuticos, D. José María Molina, que sin el menor regateo y con el mayor gusto y entusiasmo, regaló durante la dominación roja, cuantos productos fueron necesarios.
Caja de Recluta
Se puso en primer lugar este Centro, ya que, en él, se llevaron a efecto labores de gran importancia. Fue en él, enlace directo y principal, D. José Sánchez Mayordomo, entonces capitán pagador, contando además con don Cecilio Martín, también enlace directo, ya citado anteriormente, el comandante Losada, el capitán Monserrat, el teniente D. Antonio Berruezo y los soldados, Rafael Ripoll, Juan Ruiz Alarcón, Fructuoso Pérez, Francisco Valencia, Manuel Rodríguez Menda y Francisco Góngora Trujillo. Se dieron por presentados para evitar su persecución, reclutas que estaban escondidos y sus raciones de pan iban a parar a nuestra Organización para distribuirlo debidamente en unión de la comida que nos proporcionábamos, siendo los primeros que fueron atendidos, los presos militares que había aquí de Cartagena, ya que se encontraban distantes de sus familias, recordando entre ellos al teniente coronel de Infantería, Don José Mínguez y Enriquez de Salamanca, el comandante de Caballería, Don Felipe Navarro Barón de Casa Davalillos, el capitán de Artillería, Sr. Cervera y Jiménez de Alfaro y otros muchos; llegándose a dar el caso de que el director de la Prisión, ofició al Gobernador de entonces, denunciándole que el cincuenta por ciento del pan que llevaban a los presos era del que se repartía al Ejército, causa por la que lo ponía en su conocimiento a fin de que se investigase quien era el que lo proporcionaba; de lo cual, antes que el Gobernador, tuvo conocimiento Carmen (recordamos, siempre se refiere a Carmen Góngora). Había presos algunos, que, siendo reclutas, habían sido denunciados, a pesar de lo cual, seguían percibiendo sus haberes. Se llegó a formar un batallón de Ametralladoras y el de Fortificaciones casi totalmente con elementos de nuestra confianza, distribuyendo a nuestro antojo los Servicios Auxiliares, lo que ocasionó un plante de quintos rojos que, aún con grandes dificultades, se resolvió satisfactoriamente por nuestros enlaces, aunque motivó algunas detenciones y la salida de dichos batallones, de gran cantidad de sus componentes, sucediendo otro tanto en el año 938 (1938) con la Censura Militar, fundada en esta plaza en la indicada fecha.
Visto el gran número de víctimas que diariamente salían del barco – prisión Astoy – Mendi para ser asesinados, fijó en ellos Carmen su atención, pudiendo conseguir la libertad de D. Miguel Sebastián Roche, a cambio de 5.000 pesetas que ésta, por mediación del funesto Domingo Segura, entregó a Benito Vizcaíno Vita. En vista de este éxito, trata en 15.000 pesetas, la del diputado e ingeniero de minas, D. Andrés Cassinello, pero unos a quien, sin duda, les niegan la participación en el negocio, lo asesinan pocas horas antes de la que iba a ser puesto en libertad, lo cual produce en Domingo Segura la natural contrariedad, observada por Carmen, la que aprovechando su despecho, consigue pasaportar para el extranjero a la viuda e hijos de la víctima, entre ellos Pilar, portadora de amplia información, quedando tan solo su hijo Paco, por tener 19 años, el que fue escondido en Paterna hasta que se consiguió su evacuación el 8 de agosto de 1938.

El número de perseguidos, a los que había que esconder, aumentaba de un modo alarmante. El primero que hubo que sacar de Almería, fue al R.P. Jordá, al que, José Góngora, hermano de Carmen, aprovechando un viaje a Lorca con un camión del Ayuntamiento, le metió en él con documentación de otro y allí lo hospedó en el hotel Comercio, a donde fue posteriormente Carmen, para facilitarle la continuación de su viaje hasta Valencia, ya que en Lorca era conocido, pero antes de conseguir su intento, fue denunciado por el dueño del hotel y detenido, pasando después de un año a esta Prisión.
Hospital Base de Almería
Fueron enlaces directos de este centro, D. Miguel Martínez Fernández y D. Jaime de Zuzuárregui Martos; el primero abogado, y el segundo, estudiante del preparatorio de Ingenieros Agrónomos. Se pudo conseguir que los dos fuesen a Sanidad, ocultando su profesión y con la ayuda de nuestros enlaces en la Caja de Recluta. Prestaban servicio en las oficinas del hospital, y los dos se encargaban de presentar a Fornieles nuestros aliados para que los diera por inútiles o de Servicios Auxiliares. Después ingresó en la Organización, Alejandro Fernández, que también prestaba servicio en la misma oficina. Por ser ellos los encargados de hacer los certificados del Tribunal Médico, los llenaban de forma que, una vez firmados, se pudieran modificar, y hasta llegaron a conseguir alguno firmado en blanco, siendo de gran utilidad la labor por ellos desarrollada; pero cuando prendieron al director del establecimiento y después al Sr. Fornieles, notaron que se sospechaba también de ellos, y aprovechando un llamamiento que hizo la Jefatura de Sanidad del Ejército de Andalucía, en Baza, para cubrir dos plazas de cartógrafos, se pudo conseguir una para Zuzuárregui, ya que allí podía prestarnos buenos servicios, como así ocurrió, y Martínez, se metió en el S. I. M. (Servicio de Inteligencia Militar) y en el Juzgado Militar del funesto Paco Vizcaíno Vita, en donde solo contábamos con Carlos de Zuzuárregui Martos, que, como soldado, llevaba el Registro y nos convenía la entrada de Martínez en calidad de letrado.

Gobierno Civil y Comisaría de Investigación y Vigilancia
Fueron los enlaces en estos centros, Don José de Zuzuárregui Romero y Don Camilo Cobos, respectivamente, habiendo contado en dos temporadas distintas con los hijos del primero en calidad de agregados en el Gobierno; dichos enlaces, desde un principio, se dedicaron a destruir cuantas denuncias pasaron por sus manos, confiando a la Organización todas las noticias que podían captar, provechosas para la misma; se retrasaban ciertas tramitaciones y se desfiguraban otras; se sacaron gran cantidad de presos; se interceptaron listas en las que se comunicaban a los campos de trabajo, las causas de las reclusiones de sus cautivos y se hacía cuanta labor de espionaje podía realizarse.
Gran cantidad de personas se llegaron a pasaportar, yendo, entre ellos, en el mes de abril de 1937, Sor Elisea, superiora de las Siervas de María de esta capital, de la que, hasta hace poco, solo hemos sabido que se encuentra en Palma de Mallorca. A dicha Sra se le comisionó para que nos pusiera en contacto con el Excmo. Sr. General, don Gonzalo Queipo del Llano, llevándose la consigna de que nos dijese por radio: “Tantos amigos saludan a San Ignacio”, pero sin duda, por la gran vigilancia existente en aquellos días por los agentes rojos, impidiéndonos estar constantemente a la escucha, no oímos ninguno la indicada contraseña.
También se les consiguió pasaporte con el encargo de darnos a conocer en la Zona Nacionalista a Pilar Cassinello (ya indicada anteriormente), María Torres Marín, viuda de Vela Hidalgo, Josefa Sánchez Gallar, la superiora de las Capuchinas en Almería, y además, se pasaron llevando la misma misión, José Góngora López, hermano de Carmen, Eugenio Iglesias y Fernando Rodríguez Manzano, habiéndolo hecho estos dos últimos en fecha que ya funcionaba el S. I. M. P. de Granada, en donde hicieron que quedara registrada la Organización.

Campamento de Sotomayor
Fueron aquí los enlaces principales, D. Juan Rodríguez Bretones, médico del mismo, López Ortega, alférez, y los soldados del botiquín, Pedro Soria y Carlos de Zuzuárregui, y a más, Rodríguez Méndez, Antonio Guillén Segura y Juan García López.
Allí fue enorme la labor desplegada, tanto de derrotismo, como a favor del Socorro Blanco, llegándose un mes a recaudar tres mil y pico de pesetas, haciendo que fueran diarias las evasiones, las que, a principios del año 1939, aumentaron de un modo alarmante, ya que hubo día en que se evadieron algunos centenares.
Delegación de Hacienda
Fue en esta Dependencia el principal enlace, D. Manuel Fernández Aramburu, gran colaborador en la mayoría de cuantos servicios se han llevado a efecto de Socorro Blanco y Espionaje, sucediendo a Carmen, al ser esta encarcelada hasta que él fue detenido, colaborando, primero con Carmen, y después con él, don Manuel Trujillo, con el cargo de jefe de Milicias clandestinas.
Ayuntamiento de Almería
El principal enlace en este centro fue el jefe de la Guardia municipal, D. Miguel Juárez López, el que, en unión del segundo jefe, Don Juan Granados, hicieron servicios de grandísima importancia, ya que por su mediación se pudo encontrar escondites para un sin número de personas y además proporcionaron gran cantidad de vales para conseguirles comida.
Acción Religiosa
No ofreciendo ninguna garantía el sitio en donde se ocultaban los RR. PP. de la Compañía de Jesús, D. José Rodríguez Ponce de León, y D. Servando López, así como el lego, Miguel Álvarez, fueron trasladados al mismo domicilio de Carmen, no sin antes haber preparado el escondite en el que se consiguió tantas veces burlar a sus perseguidores.



(Clic sobre la imagen para ampliar o ver en galería)
Consistía este -el escondite- en una habitación contigua a la cocina del piso bajo -la casa de Carmen Góngora, en la calle Mariana, 7, era de dos plantas y terrado, como hemos reflejado-, la cual se mete en el rectángulo que debía formar el solar de la casa de al lado, tan es así, que el patio de ésta da a una ventana de medianería, que es de la que recibe luz y ventilación el escondite. Su puerta abre hacia dentro, y tapando ésta, se colocó un estante del mismo tamaño sin fondo, para que la citada puerta figurase como tal; no pudiendo nadie sospechar que tal habitación existía puesto que alineada con la pared que la divide de la cocina, sigue la tapia del patio.

Desde entonces, se decían Misas diariamente. Carmen, adquirió dos aparatos para fabricar hostias, habiendo varias religiosas, que, debidamente autorizadas, repartían Comuniones por toda Almería, a cuantas personas de nuestra confianza lo solicitaban, llegando a llevarlas tanto a la Prisión de hombres, como a la de mujeres.
Se celebraron las bodas de D. Antonio Guillén Segura con Doña Carmen García López, la de Don Juan Pérez con Doña Cándida Salvador, la de Don Juan Gómez con Doña Matilde López Rodríguez, la de Don Antonio Moreno con Doña Antonia López Rodríguez, y otras varias. Se administraron los últimos sacramentos a una Sierva de María, tía del médico D. Antonio Campoy, que falleció en la casa núm. 4, frente al domicilio de Carmen; a un Guardia municipal, en la calle de las Posadas, y a una Concepcionista que falleció a los pocos días de haber conseguido liberarla de la Cárcel provincial.
Se repartían a diario Hostias y vino de Misa a muchos sacerdotes escondidos, para que pudieran celebrar el Santo Sacrificio, contándose, entre ellos, al Sr. Provisor de la Diócesis, D. Rafael Ortega, a D. José Garín, víctima de los más sacrificados por los rojos y actualmente cura párroco de Níjar, a D. José Cañizares, a D. Ezequiel González, y a su sobrino del mismo nombre y apellido, a D. Miguel Boj, hoy cura párroco de Tabernas, y otros, llegándose hasta hacer sus solemnes votos una Sierva de María.
En vista de las represiones motivadas en Paterna por haberse enterado las autoridades rojas que por allí se hacían evasiones a la Zona Nacional, hubo que sacar de dicho pueblo al R. P. de la Compañía de Jesús, D. Ezequiel González; por cierto, que, no contando con gasolina, nuestro enlace del Hospital Militar, D. Miguel Martínez, la sustrajo del coche del delegado de dicho centro, y fue traído a esta capital y escondido en la calle Restoy.
Hospital Provincial

Como ya dejamos dicho anteriormente, el principal enlace de este Centro era D. Luis del Barrio, gran colaborador; siguiéndole los médicos D. Eusebio Álvaro y D. José Juárez, así como el practicante, D. Rafael Lara. A nadie puede ocultársele la importancia de los servicios allí prestados, ya que con gran frecuencia ingresaban en él presos, a los que había que sostener sin dar su alta, por tiempo indefinido, entre ellos a la misma Carmen, en donde permaneció, aunque incomunicada, hasta el soñado día de la liberación.
Tuvimos conocimiento de la llegada a esta capital de un agente de contraespionaje, llamado Felipe Burgos, enterándonos que frecuentaba la casa núm. 1, de la calle Cervantes, en vista de lo cual comisionamos a José López Hidalgo, para que se entrevistase con él. Así lo hizo y consiguió comenzase con él sus trabajos haciéndole manifestaciones derechistas, en vista de lo cual, López Hidalgo tiene el acierto de denunciarle al Comisario de entonces Díaz Migo, como si se tratase de un activo fascista, y se ve obligado a simular su detención, pero pronto sale Burgos de su prisión, haciendo amistad con una señorita llamada Constanza, la que engañada, le da algunos nombres con lo cual hacen veinte detenciones, entre los que figuran la Cajera del Comercio ‘La Florida’ y Fernando Apólito.
Una vez conocido aquí, se marchó Burgos a Murcia, en donde valiéndose de los mismos procedimientos, se puso en relaciones con una señorita de la buena sociedad de aquella capital, llegando, para inspirar confianza, hasta a sacar a bastantes detenidos, siendo él el fundador de una Organización clandestina en la que repartió carnets, etc., y, el día que creyó oportuno, los encerró a todos, hasta la señorita a quien se dedicó a enamorar. Esta acción heroica, fue comentadísima por toda la prensa roja.
Expediciones
En el domicilio de Carmen, se organizaron varias expediciones por medio de los siguientes enlaces: D. Juan José Jiménez Canga – Argüelles, D. José Rubí, D. Luis Ramón Barranco, teniente de asalto D. José Sánchez Mayordomo, D. Cecilio Martín, D. Miguel Rosales, José Moreno (Guía de Albuñol), D. Antonio Berruezo Lloret, D. Eugenio Iglesias, ‘El Pavilo’ (Guía de Paterna del Río), María Ruiz y José Toro (enlaces de este pueblo) y el farmacéutico D. Pedro Soria.

En la primera, salieron cincuenta y dos individuos, entre los que figuran, Luis Jiménez Moreno, que estuvo emparedado más de un año, siendo hoy teniente del Tercio; Rodríguez Rienda, abogado de esta capital; José Góngora, hermano de Carmen, al que prendieron y se pudo conseguir su libertad milagrosamente; los hermanos José y Luis García Gallardo, etc., etc.; contando entre las sucesivas a un hijo del Excmo. Sr. General del Cuerpo Jurídico, D. Máximo Cuervo, hoy director general de Prisiones.
Muchas de las evasiones facilitadas por nuestra Organización, se llevaron a efecto en la Ambulancia de Sanidad, que conducía Francisco García López, y en Correo de Campaña rojo, cuando iba de servicio José Sánchez de la Higuera, ocultando a los fugitivos entre las sacas de la correspondencia.
También se pensó en la evasión de D. José Sánchez Mayordomo, Cajero, como ya se ha dicho, de la Caja de Recluta, y en la de Don Cecilio Martín, capitán médico de dicho centro, para lo cual, D. Antonio Fornieles, cedió su coche, el que se prestó a conducir el mismo, acompañados del cabo de asalto, Serafín Aguilera Alférez, pero al llegar a Paterna les enteran de que ‘El Pavilo’ había sido detenido, causa por la que desistieron y regresaron a esta capital.

Las indiscreciones abundaban, ya que son muchos los favorecidos y grande el servicio rojo de contraespionaje. Los registros en casa de Carmen son cada día más frecuentes. Ya suena su nombre en el Gobierno y Comisaría como el de la que dirige el Socorro Blanco y espionaje en la provincia, temiendo su detención de un momento a otro. Ella, aunque delicada de salud, se pasa la vida en cama, fingiendo que está aún peor; y en efecto, el día 28 de junio de 1938, se presentaron en su casa los agentes del S. I. M. y allí quedaron en calidad de detenidas, Carmen Góngora y Ana Román –Ana José Román González-, encargada del taller, hasta que el día 3 de julio siguiente, reconocida Carmen, dijeron que podía ser trasladada, y se las llevaron a la checa, siguiéndolas su madre –Encarnación López Mañas-, quedando en la casa los agentes, haciendo excavaciones, picando paredes, etc.; con los religiosos ocultos; dos oficialas, una de ellas, sor Corazón de María, religiosa Concepcionista, y el niño Manuel Román González, hijo de la encargada del taller (Ana José Román González), el cual merece capítulo aparte, por su heroico comportamiento.

Como la detención de Carmen y los de su casa se temía de un momento a otro, se les proporcionó comestibles a los religiosos en cantidad suficiente para resistir unos días, pero, no obstante, nuestra preocupación era enorme por conocer la verdadera situación de aquella casa, causa por la que se encargó a nuestro aliado en el S. I. M., Miguel Martínez, que viera el medio de hacer que retiraran aquella guardia cuanto antes. Mientras tanto, Manolito Román, pedía permiso a los agentes para bajar comida a las gallinas y conejos, y una vez concedido, metía entre la alfalfa lo destinado a los escondidos, burlando de esta manera la vigilancia de los expertos agentes rojos.

Manolito Román
Como queda dicho (Manuel Román tenía 15 años, cumplidos el 17 de junio de 1938), les bajaba la comida diariamente a los religiosos allí ocultos, hasta que pudimos al fin conseguir una orden del S. I. M. de retirada de las fuerzas, la cual llegó el día 12 de julio (1938) y aquella misma noche, con la mayor tranquilidad, salieron de la casa los tres religiosos con un intervalo de cinco minutos (a todos los acompañó Manolo Román), desapareciendo con ello la intranquilidad que sentíamos. Pero como una vez detenida Carmen perdimos el contacto algunos con otros, hubo quien ignoraba que habían sido liberados, y un guardia de asalto, Miguel García Artero, del servicio de contraespionaje, se fingió adicto a nosotros y después de recoger demasiadas confidencias, le enviaron unos compañeros a casa de Carmen para proteger la salida y colocarlos en sitio seguro, pero este bandido nada pudo conseguir de sor Corazón de María, la que se limitó a decirle que ella desconocía la existencia en la casa de dichos señores. Pero con tanto ir y venir y hablar del asunto, se oyó algo de “un estante que tapaba la puerta” y…dieron por fin con el escondite, pero ya estaba vacío, encontrándose tan solo ornamentos de Iglesia, y demás enseres que se utilizaban para decir Misa, en vista de lo cual, prendieron a los tres, siendo víctimas de los mayores martirios para hacerles confesar en donde se habían ocultado los RR. PP, no pudiéndoles sacar lo más mínimo, ni a ellas, ni al niño –Manuel Román–, en el cual se ensañaron sin tener en cuenta que solo contaba con trece años (en realidad tenía 15 años y, en un próximo artículo, contaremos las atrocidades de las que fue objeto).

Después de esta detención siguió la de los que confiaron en García Artero, Ana Segura Caparrón, Miguel Juárez López, Mercedes Campos Suárez, José Moreno Vargas, Efigenia Soria Mota, Luis Ramón Barranco, Teodoro Montes Díaz, Serafín Aguilera Alférez, Manuel González Martínez, Antonio Fornieles Ulibarri con su Sra. Pilar Bulto Martínez, Cecilio Martín González con su Sra. Amalia Gutiérrez Galindo y José Sánchez Mayordomo y creo que alguno más, los cuales fueron al S. I. M. y, más tarde, los repartieron en la cárcel de mujeres y campos de trabajo, quedando los que escapamos, divididos en grupos, ya que Carmen era la que nos conocía a todos; y si bien es cierto que con su recuerdo y con los ánimos dados por ella seguíamos trabajando, aquello se iba desmoronando día por día.


Una vez conseguido el pase de Carmen al Hospital Provincial y más tarde que la dejasen hablar con su madre, volvimos a recobrar ánimos que nos sirvieron para no desfallecer a los pocos que quedábamos en libertad, ya que las detenciones seguían, entre las que se contaron la de D. José Garín, mutilado por los rojos, hoy cura párroco de Níjar, y la de Sor Beatriz, ambos incansables agentes. Se aproximaba la fecha de la vista en la que sabíamos que la condenaban a muerte (en referencia a Carmen Góngora), en unión de Miguel Juárez López, José Moreno Vargas, Serafín Aguilera Alférez, Antonio Fornieles Ulibarri, Cecilio Martín González y José Sánchez Mayordomo, pudiendo conseguir por dos veces el aplazar la vista; pero en el Tribunal existían vivos deseos de suprimir a quienes tanto dieron que hablar, y…no hubo más remedio que proceder a inyectar esencia de trementina; a quién?…ella fue la Jefe, ella el alma de la Organización…ella tenía que ser la víctima; y, en efecto, se consiguió una ampolla, que su misma madre le entrega junta con un frasquito con aguarrás, con la que una enfermera roja -la que le pusieron de guardiana-, le da una friega en la pierna que finge dolorida, causa por la que, cuando llena de valor, se inyectó y más tarde comenzaron los enormes dolores, al oírla algunos empleados rojos dijeron que lo esperaban, ya que era víspera de la celebración de la causa, haciendo resaltar el olor a aguarrás que se notaba, sirviendo ello para que la enfermera los tratara de calumniadores, ya que ella aseguraba que le había dado la friega anteriormente, y…se suspendió la vista de la causa, ya que se produjo un gran absceso que hubo que operarle seguidamente, en vista de lo cual, algunos se atrevieron a ir a visitarle, y los pocos que quedábamos en libertad, seguimos sus instrucciones, que diariamente nos eran comunicadas.

Por fin llegó la liberación de Barcelona y más tarde fueron sucediéndose acontecimientos, por los que los rojos, ya desconcertados, no hacían más que decir que en el caso de que no les dejasen una salida, antes de ser cogidos harían tanto y más cuanto con los presos, etc, etc., lo cual preocupaba grandemente a Carmen, ya que temía por sus vidas, por aquellas vidas que ella había salvado a cambio de tan grande sacrificio, y nos indicó que se pusieran en constante contacto los enlaces de la Comandancia Militar, Gobierno Civil y Comisaría, Srs. Cuesta, Zuzuárregui y Cobos, para que organizaran los servicios para el día, ya muy próximo, de la soñada liberación. Y la liberación llegó; los presos fueron liberados y todos fuimos al Hospital a verla, a abrazarla, y ella con gesto rebosante de felicidad, el que repentinamente le hacían cambiar los enormes dolores que padecía, nos prestaba a unos y otros, a la vez que sentíamos aquel júbilo tan hondo, que jamás podrá compararse con ningún otro, ni en calidad, ni en cantidad.
A los tres o cuatro días, la trasladamos en una ambulancia a su domicilio, después de haber conseguido algunos muebles, ropas y enseres, de unos y otros, ya que su casa la dejaron sola con las paredes, y algunas de estas picadas por los agentes del S. I. M.; y si ahora, después de haberse quedado coja, tiene máquina de coser con que poder trabajar, es porque el Sr. Fornieles le ha regalado la que su señora tenía en casa para su uso particular.
Almería, 25 de enero de 1940.
Leídas estas memorias, reconozco que son, entre las varias que se han hecho, las más completas, pero no por ello contienen todos los hechos, ya que entonces se haría su contenido interminable. Me resta por tanto hacer constar algunos nombres de enlaces directos que tuve, los cuales veo que se han omitido involuntariamente, sin duda porque no se enumeran los hechos en que tomaron parte:
D. Manuel Pérez López, guardia civil.
D. José Díaz Valverde, guardia civil.
Los hermanos Facundo, Antonio y Emilio, Góngora Galera.
D. Francisco Checa, abogado.
D. Adolfo Silvente de Haro, carabinero.
D. Fernando Gómez, de asalto.
D. Emilio Rema, de asalto.
D. José Martín, de asalto.
D. Rafael Sánchez Gallar.
D. José Moreno Mesa.
D. José Martín Gil Utrilla, médico de Albox.
D. José Manuel Serrano, médico de Albox.
D. José Algarra Ogalla (que figuraban en Berja como miembro del Socorro Rojo y en 50% lo remitían para el Socorro Blanco).
D. Francisco Merez.
D. Francisco Aguilera López, de Rioja.
D. Antonio Reche Gómiz, estudiante, enlace de Chirivel.
D. Rogelio Hidalgo López, de Huércal de Almería.
D. Ángel Hidalgo López, de Huércal de Almería.
D. José Fernández Rueda, de Huércal de Almería.
D. Fernando Gómez Lara, sacerdote, de Velefique.
D. Luis Luisa, de Velefique.
D. José Toro, de Paterna.
D. Antonio Fernández, en el batallón de Retaguardia.
D. Faustino Casanueva Sánchez, ingeniero de la C.A.M.P.S.A.
D. Juan Eugenio Iglesias Navarro, funcionario en la C.A.M.P.S.A.
Sra Viuda de Ferrer, de Almería.
Doña Antonia Rodríguez Ulibarri, de Almería.
Doña María Torres Marín, viuda de Hidalgo Vela, de Almería.
Doña Ángeles Quiñonero, de Almería.
Doña Encarnación Andrés, de Almería.
Doña Margarita de Martos de Zuzuárregui, de Almería.
Doña Isabel Góngora Galera, de Almería.
Doña Josefa Sánchez Gallar, de Almería.
Doña María Gómez Lara, de Almería.
Doña Remedios González, detenida por el S.I.M., de Almería.
Y, doña María Ruiz, de Paterna, que ocultaba en su casa a los que intentaban pasarse, enviados por la Organización.
Almería, 30 de enero de 1940
Carmen Góngora«
(Firma auténtica y original, a plumilla)

Hasta aquí el contenido literal de las memorias, cuyos hechos relatados u otros relacionados serán objeto de ampliación o detalle en otras publicaciones, de forma puntual, más adelante. El documento, de esta manera, queda a disposición de los investigadores, expertos o estudiosos de los temas relativos a la guerra civil española, en Almería.
José Manuel Román
Periodista

NOTA.- En la fotografía de portada figuran dos de los protagonistas destacados de estas memorias: Carmen Góngora López, en una instantánea del 7 de noviembre de 1970, cuyo autor de la imagen es Ruiz Marín; y, Manuel Román González, en una foto de carné, del 11 de enero de 1942. Imágenes mejoradas con IA.
Documento asociado para consulta o descarga
«Memorias de la organización clandestina de Carmen Góngora. Almería»
Documentos relacionados
Reportajes de Eduardo D. Vicente en La Voz de Almería (16 y 17 de junio de 2009)
‘Historias de Almería’, columna de Ideal de Almería, de Víctor J. Hernández Bru (5 de julio y 2 de agosto de 2020 y 17 de enero de 2021)
‘Socorro Blanco institución de ayuda Quintacolumnista en la retaguardia’, trabajo incluido en el suplemento especial de Diario de Almería, dedicado al V Centenario de la Catedral de Almería, titulado «La Catedral de Almería. 500 años de historia», que fue escrito y coordinado por el historiador y cronista Antonio Sevillano.

