Miguel de Unamuno en el Club de Regatas de Almería

En 1903, con motivo de los Juegos Florales, el rector de la Universidad de Salamanca recibió un homenaje en el Club de Regatas de Almería. Concluido el ágape subió a la ballenera “Covadonga”, tripulada por varios socios, dando un paseo por la bahía hasta el embarcadero de Alquife, que se encontraba en obras. El escritor quedó encantado de la belleza marítima de Almería.

Miguel de Unanumo un par de meses antes de venir a Almería, en una fotografía dedicada a la Reunión de Artesanos de La Coruña, que se celebró del 14 al 20 de junio de 1903.

Uno de los últimos grandes homenajes póstumos a Miguel de Unamuno (Bilbao, 1864 – Salamanca, 1936) fue en 2012 con motivo del 75 aniversario de su fallecimiento. Como bien destacó Rocío Blázquez en «ABC«, edición de Castilla y León, se quiso señalar en aquella ocasión al «Unamuno rector de la Universidad de Salamanca, el pensador, el escritor, el vecino que paseaba por sus calles y Plaza Mayor, el amante de la papiroflexia, el dramaturgo, el hombre comprometido políticamente, el defensor de ideales, el hombre de familia«. Un compendio de facetas y registros que fueron abordados en distintas actividades a lo largo de 2012, coincidiendo con los actos de celebración del aniversario de su muerte en la capital castellana. En esa línea pretendemos conocer mejor el paso de Unamuno por Almería y, sobre todo, aquel homenaje que le rindió el Club de Regatas en sus instalaciones, dando muestras de su cercanía e interés por los temas almerienses.

Con cerca de cincuenta mil habitantes, la Almería de hace 117 años tenía su principal acontecimiento social en la Feria. Además de los festejos propios (celebraciones religiosas, cívicas, taurinas, culturales…), el deporte mantenía una especial relevancia, constituyendo casi su única aparición anual en agosto. En este contexto, las fiestas de 1903 ofrecieron una curiosa e histórica relación entre el mundo de la cultura y el deportivo, representado éste por la institución más relevante de la época, el Club de Regatas. Los Juegos Florales de ese año, cuyo primer premio quedó desierto, tuvieron el privilegio de contar con Miguel de Unamuno como mantenedor y la ocasión fue aprovechada para que el insigne escritor y filósofo recibiera un homenaje “íntimo” –término utilizado para decir reducido- de la entidad náutica almeriense.

Número extraordinario de ‘El Radical’ dedicado a los Juegos Florales con el discurso del mantenedor, Miguel de Unamuno.

Para situarnos. La Feria de 1903 ofreció hechos muy destacables. Además de la visita de Unamuno, con unos Juegos Florales de gran altura donde la primera dama en la Corte de Honor fue Carolina Deyesra esposa y madre de farmacéuticos que falleció en mayo de 1959, se celebró la primera batalla de flores, festejo que por tanto ha superado con creces ya su centenario, y se consolidó, como todo un acontecimiento social, el paseo de ida y de vuelta a las corridas de toros, figurando en el cortejo la banda de música municipal.

Con la Sociedad Obrera de Oficios Varios

Durante su estancia en Almería, Unamuno también fue invitado por la Sociedad Obrera de Oficios Varios a dar una conferencia, que tuvo lugar, el domingo, 30 de agosto de 1903, a las cuatro de la tarde, en el Teatro Apolo, cedido para ello por el Círculo Literario. Allí habló de enseñanza, de la cuestión social, de la evolución de las ideas, de las superticiones, sobre la teoría de las huelgas, de las diferenciaciones, y del salario justo. Miguel de Unamuno cerró su conferencia manifestando: «Cuando haya tolerancia mutua, cuando se haga la guerra de tal manera que los adversarios no puedan menos de reconocer esa tolerancia mutua, entonces ¿cesará la huelga? No. La lucha no cesará nunca. Cambiará. Y quiera Dios que no cese la lucha, porque el día en que el hombre cese de luchar, muere. Hay que luchar con ciencia, que es como luchar con amor. Dos personas se odian mientras no se conocen. Cuando penetra el uno en el espíritu del otro, se ama al prójimo; si se es bueno, por serlo, y si se es malo por lástima de él«.

Miguel de Unamuno, en su segunda visita a Almería, el 20 de septiembre de 1931, presidiendo, junto a Carmen de Burgos, a su derecha, el homenaje que el pueblo de Alhama de Almería rindió a Nicolás Salmerón, en el XXIII aniversario de su muerte. Se dieron cita, además de los mencionados, figuras bien significativas de la República proclamada seis meses antes como los ministros Indalecio Prieto y Marcelino Domingo, la diputada Victoria Kent, y José Ortega y Gasset, que aparecen en la imagen.

Encantado de la belleza marítima de Almería

Unamuno tenía 39 años cuando visitó Almería, en 1903. Llevaba ya tres cursos académicos como rector de la Universidad de Salamanca, cargo que ostentó hasta 1914. El deporte almeriense, representado por el Club de Regatas, en su sede, ofreció un homenaje al escritor y filósofo, consistente en un almuerzo, según las crónicas de la época, “íntimo”, y en un paseo por la bahía.

La comida, ‘banquete‘, que tuvo lugar a las 12 de la mañana del domingo, 30 de agosto, servida por el Hotel de Londres, transcurrió en un ambiente muy relajado, donde ‘reinó la mayor cordialidad y alegría‘, los asistentes comentaron la extraordinaria conferencia de Unamuno en los Juegos Florales. La crónica que difundió «El Radical» hablaba del acierto del sitio elegido para la comida ‘sobre el mar, en la misma bahía, viendo pasar muy de cerca las embarcaciones que las cruzaban, recibiendo las frescas caricias de las brisas marinas y a los acordes del sesteto Sánchez, cuyo concurso había solicitado el club de Regatas, para obsequiar a los concurrentes con selecta música‘. La información de «El Radical» destaca que ‘al descorcharse el champagne, el presidente del Círculo Literario, señor Trujillo, brindó, con entusiastas frases, por el sabio rector de la Universidad salmantina; y este, correspondiendo al saludo que se le dirigió, se levantó a pronunciar algunas palabras, que al calor de su natural elocuencia adquirieron carácter de un verdadero discurso‘.

El brindis de Unamuno

«El Radical» recoge literalmente, en su edición del 31 de agosto de 1903, el brindis de Unamuno, gracias a las notas taquigráficas de Federico Fernández:

Miguel de Unamuno.

«Señores, tengo que agradecer a todos este obsequio y agradecer, sobre todo, el haberme llamado a esta Sociedad, ofreciéndome con ello ocasión de continuar una labor en que vengo empeñado, y que cumplo como misión grata. naturalmente, no había yo de venir desde tan lejanas tierras y, hay que confesarlo, de sufrir ciertas molestias, aunque no me pesa, para haber salido del paso con cuatro flores. Para esto, no hubiera aceptado el cargo; porque esto no era, ni digno de mi, quiero decir la verdad, ni de vosotros. Cierto es que algo debiera haber dicho de esta región de este país; pero había el inconveniente de que no lo conocía más que de oídas, y no me gusta tomar notas de libros o papeles y describir una tierra en que no he estado más que veinticuatro horas.

Si hubiera vivido entre vosotros, seguramente os hubiera dicho: ‘Estas son las buenas cualidades, y estos son los defectos que os encuentro». Pero no conocía de esta región andaluza más que la leyenda, la cual tenía dos caras; y si una de ellas es agradable, la otra en verdad, nada tiene de eso. Procedo de un país en que se conoce esta tierra como muy hermosa; pero también como la tierra de la injusticia y la arbitrariedad que producen el anarquismo. Aquí he podido notar una cosa lamentable; y es, la sobrada frecuencia con que los hijos de este país hablan mal de él; y lo más triste es, que estas confesiones no son acompañadas de ningún movimiento, no ya de contribución, ni aun de atrición. Se habla de ello, como de cosa muy natural.

Esto me recuerda cuando San Pablo llegó a Atenas y dijo que pasaban el tiempo en hablar de la última novedad. Hacer tema de conversación los propios defectos, no es muy recomendable; porque hablando de la tempestad, la tempestad se viene encima; y entiendo yo que para que la misión educadora no llegue a ser una función litúrgica en que el celebrante no piensa en lo que hace, ni el público en lo que recibe, el hombre debe aprovechar todas las ocasiones que se le presenten para predicar lo que debe predicar oportuna e inoportunamente, y hacer que las cosas de todos los días sean siempre nuevas. Esto es, hacer de la vida religión, y de la religión vida (aplausos).

Administrar el sacramento de la palabra, trabajar siempre; porque aquí se habla de muchos males, pero los males de la sociedad los lleva cada individuo. Cuando todos protestamos del caciquismo, no pensamos que todos tenemos parte de culpa. Unos, ejerciéndolo para mal o para bien del pueblo; otros, porque no encuentran ocasión de ejercerlo; y, es que no hay que combatirlo fuera, sino tratar de arrojarlo de sí, porque es indudable que en esto cada uno realiza su labor. Hace falta de todo el mundo; del grande, del pequeño, de la medianía. Medianía bien intencionada, que no pone obstáculos al de arriba ni al de abajo,como dice Cervantes (nuevos aplausos).

Lo que menos me gusta es levantar polvareda; no hay que hacer como la mujer torpe que sacude el polvo y dá siempre en el mismo sitio. Para barrer bien, hay que regar antes, pues no es cuestión de ruido. Hay tempestades en los lagos, quedando después las aguas como estaban; y hay ríos que retratan nuestra imagen y cuya corriente marcha hasta el mar. Hay que sembrar sin volver la vista atrás. Lo que queda detrás es cuestión del aire, del sol, de la luz y de Dios (aplausos).

He oido decir muchas veces que el adelantamiento procede del espíritu y aunque algo hay que confiar al cuerpo debe procurarse asimismo la sugestión, que no deja de ser una labor también. Según acabo de oir, hay quien no quiere un cargo, por no arrostrar la responsabilidad que lleva consigo el firmar. Esa es doctrina chinesca. El ideal del chino es no comprometerse. Hay quien no quiere saber ni donde tiene el hígado. Tengo un médico, dice; él me curará, porque si pienso en las enfermedades, creo que las tengo todas. Recuerdo una frase que dice: ‘Eso no me lo preguntéis a mi que soy ignorante’. Y por evitarnos quebraderos de cabeza, llega un día en que se nos quiebra el corazón, y por no trabajar, pasamos hartos trabajos (prolongados aplausos).

Pero yo me atengo a contaduría, y no me entiendo con revendedores. Con esa conducta, delegándolo todo, va convirtiéndose este país en una factoría de los países extranjeros, donde les han enseñado a no delegar nada, y va avanzando una cuestión muy grave, y lo peor es la indiferencia de las gentes en presencia de esta gravedad que dicen ‘no estamos tan mal’. Lo peor que puede sucederle a un paciente es no conocer la importancia de su enfermedad; así le ocurre al tísico, que ve con placidez llegar su última hora, sin enterarse de la gravedad de su dolencia.

Y, como todo esto que os digo no me parece propio de sobremesa, por más que no me fatigo, porque como veis, hablo sin voces ni párrafos violentos, corto en el acto y doy gracias a este país, donde he encontrado cariñosos amigos y una cordial acogida. Yo me marcho pronto. Dentro de poco estaré en Salamanca, haciendo mi vida ordinaria. Si algún día me necesitáis, con un simple aviso, acudiré a vuestro llamamiento» (grandes y prolongados aplausos).

Foto antigua del llamado embarcadero de Alquife, donde finalizó el paseo por la bahía de Unamuno.

Paseo por la bahía

Concluido el ágape el homenajeado subió a la ballenera “Covadonga”, tripulada por varios socios, y dio un paseo por la bahía hasta el embarcadero de Alquife, que se encontraba en obras. El escritor quedó encantado de la belleza marítima de Almería. La embarcación “Covadonga”, junto a la denominada “Atlántida”, eran dos balleneras, perteneciente al Club de Regatas, que participaban en las pruebas de remo y vela de la feria. El barco que tuvo el privilegio de llevar a bordo a Miguel de Unamuno solía estar patroneado por Antonio Gómez, teniendo de tripulantes a Bustos, Tonda, Martínez Morales, Asencio, Godoy, Roldán, Cravioto y Bernabeu. La visita de Unamuno fue todo un acontecimiento para Almería y, en especial, para el deporte marítimo almeriense.

El Club de Regatas

El Club de Regatas, fundado el 28 de junio de 1891, desplegaba una extraordinaria actividad, tanto dentro como fuera de nuestra capital. Durante los catorce años de vida tuvo una presencia muy significativa en la sociedad almeriense. Desapareció el 28 de octubre de 1905, cuando con motivo del relleno del malecón, la Junta de Obras del Puerto ofreció otro emplazamiento para la sede del club, que fue rechazada “por no estar en armonía con la importancia de la entidad”, según acuerdo de su junta directiva, quién también aprobó su desaparición y disolución.

La entidad disponía de un magnífico patrimonio deportivo, con embarcaciones del tipo balleneras, «outrigrs», yoles, esquifes, canoas y botes; y, artístico, con obras donadas por pintores de la talla de Antonio Bedmar, Manuel Taramelli, Victoriano Lucas, García Aguilar, Manuel Ochotorena, José Sola y Antonio Robles. El reglamento del club estaba sometido al del «Yachting Club Español» y muchos de sus componentes participaron en regatas que tenían lugar en otras provincias españolas.

Para la construcción de su sede, en el Malecón, se lanzaron acciones de 25 pesetas cada una por un importe total de 5.000 pesetas. El director de obras fue el conocido arquitecto Trinidad Cuartara Cassinello. Se inauguró el 21 de agosto de 1900, coincidiendo con la celebración en Almería del Certamen Naval, que organizó la Sociedad Amigos del País. La recepción oficial se hizo coincidir con la apertura de los flamantes locales, donde destacaba un pabellón – salón acristalado.

Entre otras destacadas personas de la vida local fueron directivos del club a lo largo de su existencia: Francisco Roda, Adolfo Babiloni, Enrique Reyes Quero, Tomás Roda, Eugenio de Bustos, Horacio Pérez del Villar, Felipe de Burgos, Juan Tonda, Augusto A. Rivas, Francisco Gutiérrez, Ignacio Esquinas y Rafael Belver. Entre los socios de honor figuraron Miguel Jiménez Aquino, Celedonio J. de Arpe, Francisco Aquino Cabrera, Fermín Gil de Ancildegui y Carlos Felices Andújar.

La Feria de 1903, si bien no fue pródiga en pruebas y competiciones deportivas –sólo hubo regatas y carreras de bicicletas -, si fue significativa por la presencia del mundo del deporte en las actividades literarias y culturales programadas, donde el auténtico centro lo constituyó la visita a Almería de Miguel de Unamuno.

JOSÉ MANUEL ROMÁN
Periodista

Nota.- La foto destacada de la noticia es de Miguel de Unamuno en 1923, en Hendaya. Gracias a Pinterest.es.

Publicado por José Manuel Román

Periodista

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